La suma de una derrota

Por Viridiana Nárud

 

En veintiún días es mi cumpleaños y los pensamientos de muerte y derrota me someten. Quizá estos pensamientos no serían así en caso de haber tenido una infancia feliz. Yo crecí en el bosque, en los patios de las casas, jugando bici, golpeando la pelota y viendo al cielo y las estrellas. Crecí fuera de mí porque soy invisible, soy nada. Hace unos días escuché que existen personas que no necesitan de terapia, que pueden cambiar su narrativa si sólo la entienden. Me siento estúpida. ¿Por qué necesito ir a terapia, hablar escribir lo que he olvidado? 

 

Mi doctor me dijo que escriba para poder volver a recordar, sólo que los recuerdos por primera vez no me agradan. ¿Por qué no puedo ser alguien normal? Aunque sea como mito, aunque sea sin profundidad. 

 

La vida es el límite de la existencia. Es pequeña. He aprendido a quererla apenas. ¿Por qué cuando creí todo superado culpo a mi padre? De niña mi madre llegó con golpes en el rostro, “un accidente” dijeron, pero no había lógica. El coche intacto, el rostro de mi madre destrozado. La voces llegan y me hacen recordar. Pero yo quisiera ser normal, como lo son las mujeres de mi edad. Al menos, el mito que de ellas dicen. 

 

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