De la derrota

 El silencio no basta para ocultar los secretos. Se trasminan en la sangre de generación en generación, en la huella mnémica del trauma que dicta a cada descendiente que debe ocultarse o hablar. Mi padre decía que mi lengua era el de una víbora (ssssssss), que debía cortarla. Sin embargo, sin importar el silencio yo veía cosas. 

Mi infancia está borrada. Sólo sensaciones: El pasto en mi piel; una noche fría, la niebla se arrastra y llega a mi puerta; mi perra junto a mí; mi mente con mil voces que no se pueden callar; las ganas de reventarme el craneo, de cortar la piel. Mi madre encerrada en la recámara después de un día entero de limpiar la casa.


 Soy un fantasma que observa al mundo sin ser visto. 


Uno, dos, tres…

    Despierta. 


Los dedos escriben sobre el teclado una verdad que no debería ser pronunciada. En la infelicidad es en lo único que la vida es democrático. La esparce en el mundo de manera igualitaria. 


No existe hogar en donde enclaustrar al silencio.


Un, dos, tres… 

    Silencio. 


Comentarios

Entradas populares