Dismorfia espiritual
Por Viridiana Nárud
El mundo exterior se ha convertido en un reflejo de mi interior. Me es imposible conciliar lo monstruoso en mí. Me molesta pensar que la perfección es una cosa de herejes, sólo Dios habita lo imperfecto. Sin embargo, no hay luz en este reflejo. Me miro frente al espejo desnuda, mis nalgas, mis senos, mi silueta, nada es perfecto; a veces creo que no lo he utilizado lo suficiente. Que debería coger, correr más, irme a las playas y mostrar mi cuerpo desnudo aunque sea alérgica al sol.
Odio esta imperfección que consume al mundo, la humanidad analfabeta virtual y real. Odio sentir tan profundamente la Belleza, sentir que sólo es un instante sin poder quedarme jamás en ella. A veces creo que será en medio de un arrebato estético que decida quitarme la vida. A veces sólo hay días en que el sentir es demasiado.
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